
Todos los materiales sólidos, los átomos están distribuidos dentro de los cristales mediante formas simétricas que se repiten una y otra vez. Para los científicos, esta repetición era necesaria para obtener un cristal.
Pero Daniel Schechtman descubrió, en 1982, con las imágenes obtenidas a través de un microscopio electrónico, en contra de la opinión de sus pares y de la ciencia en general, que los átomos contenidos en un material sólido no tenían necesariamente que repetirse.
Así, los llamados cuasicristales, o sólidos cuasiperiódicos, “exhiben simetrías que no presentan los sólidos cristalinos. Por tanto, su estructura cristalina no es periódica, es decir, no se puede construir mediante la repetición de una celda unidad”, explica el doctor Ernesto Calvo, investigador del Conicet y director en el Instituto de Química y Física de Materiales, Medioambiente y Energía.
Los cuasicristales son estructuras relativamente comunes en aleaciones con metales como el cobalto, hierro y níquel. A diferencia de sus elementos constituyentes, son malos conductores de la electricidad, no presentan propiedades magnéticas y son más elásticos que los metales ordinarios a altas temperaturas. Son extremadamente duros y resisten bien la deformación, por lo que se pueden utilizar como recubrimientos protectores antiadherentes.
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